COLOSIO, MITO DEL PRIÍSMO EN EL AÑO TRECE DE SU DECESO. DEL PARAISO PERDIDO, EL PRI, SÓLO PUEDE RESCATAR LA FIGURA DE LUIS DONALDO
Por Israel López Chiñas
Tras del eslabón perdido. Entre olor de pólvora y sangre, la tarde del 23 de marzo de 1994, la liquidación de Luis Donaldo Colosio Murrieta cambió la historia mexicana. La caída del candidato presidencial del entonces partidazo, el PRI, resultó un golpe al centro del poder y la gran fractura de la familia revolucionaria que desataría los mecanismos para el derrumbe tricolor seis años después y la pérdida de Los Pinos. Hoy para su salvación, los priístas anteponen el retorno sempiterno de Colosio, al menos de sus principios.Su muerte, envuelta en la sombra en un posible crimen de Estado debido a los actos previos y posteriores realizados por los que resguardarían la vida del malogrado candidato, sobrevino luego del rompimiento con el presidente Carlos Salinas de Gortari, denunciando las falacias de su gestión que pregonaba la inserción de México al primer mundo. Libre comercio y neoliberalismo no eran la panacea contra la pobreza, proponiendo reconsiderar la ruta tecnocrática.
Colosio tomó las banderas de la justicia social haciendo a un lado el engendro del Salinato, el liberalismo social, endilgado al PRI por el hoy innombrable. Su discurso histórico en el monumento a la Revolución Mexicana y su deceso, lo elevaron a grado de mito del priísmo que ya no quería más tecnocracia, de Miguel de la Madrid y Salinas; también se recrudecieron los choques entre las corrientes por controlar la política nacional, donde la elite neoliberal comprendió que ya no cabía el PRI como poder.
Colosio mito, nace del esbozo de una idea. Los priístas, expulsados del paraíso, Los Pinos, y que a trece años de su muerte no encuentran la identidad perdida, tal vez podrían aprovechar la fecha para reconocerse a sí mismos, junto a la salinista Beatriz Paredes para recuperar el último símbolo tricolor, que se quedó en el olvido como su tumba, allá lejana, en Magdalena de Kino.
Israel López Chiñas, quien todavía recuerda como esas redes inimaginarias del Poder en nuestro país, casi logran en la segunda mitad de los años noventa, que un tal Mario Aburto, engañara a unos cien millones de mexicanos con aquella tesis del asesino solitario, cree que la clave del magnicidio continúa estando en el ex gobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones, ¿verdad... Miguel Montes García, primer fiscal para el caso?
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